El espejo te devolvió un reflejo poco felíz
de esos que asustan,
huíste cortando raíz, ese marco era demasiado bueno para vos.
Ahora rascás alfombras rotas,
cocidas con hilos débiles como el torrente de tu sangre.
Eso te sienta mejor,
viviendo vidas de cinéfilas sin pantalla y visitando el infierno cada tanto.
Posás con gesto olvidado en la foto de otro, nunca la tuya.
Pero no tan en el fondo; esa herida que no cicatriza
te recuerda quien eras cuando estaba yo..
y es una picazón que nunca acabará.
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